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Anexo

 

Nunca está de más, a la hora de ponernos a escribir un guión, tanto de cine como de televisión, tener en cuenta ciertos requisitos básicos para llevar a buen término nuestra tarea. Sirva entonces este decálogo de buenas intenciones para que, incluso las series españolas, se beneficien de ellas:

  • Evitar a ser posible, las elipsis traicioneras, al presentar una situación de tensión que todo el mundo espera que sea resuelta con un mínimo de originalidad y frustrar toda expectativa al avanzar unos minutos la acción, sin mostrar en pantalla que a sucedido realmente.
  • Que los personajes no puedan deducir hechos o llegar a conclusiones como por arte de magia, sino es a través de información que hayan recibido (viéndolo en pantalla), o que por lógica puedan conocer (sin haberlo visto). No es lo mismo acelerar los acontecimientos, para ganar en agilidad, que otorgarles el don de la clarividencia a los personajes, algo que ocurre muy a menudo en las series americanas, cuando tienen que contar una historia autoconclusiva, en apenas tres cuartos de hora.
  • Que la lógica impere en los personajes y no se guarden/oculten información más o menos transcendental sin venir a cuento, en un vano intento, por parte de los guionistas, de alargar las tramas y posponer lo inevitable.
  • Evitar, en la medida de lo posible, los personajes arquetipos o claramente seleccionados para ser los buenos o malos de la función, porque entre esos dos colores siempre hay una amplia gama de grises, tal como ocurre en la vida real.
  • Si se trata de una serie de trama continua, que lo sea con todas sus consecuencias. No me sirve que, de vez en cuando, se “olviden” de ciertos personajes, cuando no se sabe qué hacer con ellos, o se pasen por alto hechos o detalles como si nunca hubieran ocurrido.
  • Presentar las situaciones que se den en un episodio con la debida seriedad, algo que por cierto no sucede muy a menudo en nuestras series, porque una cosa es quitarle hierro (transcendencia) a ciertos momentos tensos y otra muy diferente es hacer broma de todo, sin venir a cuento.
  • Finales ilógicos o improvisados, tipo deus ex machina, que el espectador entenderá como un “todo vale”. En estos casos nunca está de más aplicar la regla de la causa-efecto para lograr ser consecuente con lo sucedido anteriormente en ese capítulo o en la serie en general y evitar así caer en situaciones ilógicas.
  • Dotar a los personajes principales de un objetivo final (tanto físico como espiritual), que justifique sus actos en lo personal/laboral, porque en esta vida no hay nada más humano que buscar incesantemente lo que uno más anhela. Eso hará que los espectadores vean a los personajes como personas de carne y hueso, que se debaten continuamente entre la pasión y la compasión y proporcionará material a los guionistas para que, llegado el momento, alcancen su objetivo final. Algo que por cierto ya deben de tener en cuenta en El Mentalista, porque en el momento que el protagonista encuentre al asesino de su familia (su objetivo final), su personaje dejará de tener sentido, así como la existencia de la misma serie, por lo que es probable (y mientras tenga éxito) que dilaten ese momento lo máximo posible.

 

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