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1. – Más largo no significa mejor

 

Está comprobado empíricamente que el grado de atención del ser humano, ante un evento que se desarrolle delante de sus ojos, disminuye al cabo de una hora. Entonces,

¿Porque la duración media de un capítulo en una serie española como Hispania, la leyenda, 7 Vidas o Física o Química es el doble o el triple del de una de americana del mismo género como Roma, Friends o Sensación de vivir ?

Por una simple razón: la audiencia. Para mantenerla el máximo tiempo posible en la siempre difícil franja del prime time, no cederla con series de menor duración que en conjunto no atraigan a tantos espectadores y de paso facilitar la programación televisiva de la cadena.

¿Eso es bueno o malo para una serie?

Depende principalmente de la historia que se quiera contar y de cuantos episodios sean necesarios para hacerlo, porque salvo casos excepcionales como en la serie Sherlock, por regla general sobrepasar la hora de duración por capítulo no le sienta nada bien a ninguna serie.

Repasemos a continuación como afrontan/solventan algunos mercados televisivos este u otro tipo de problemas comenzando por quien lleva siempre la batuta en estos temas, el mercado americano:

  • La duración por capítulo está medida al milímetro, tanto en las sitcom (entre veinte minutos y media hora) como en las dramáticas (entre cuarenta minutos y una hora). En las cadenas por cable son más generosas con los minutos al no deberse tanto a los anunciantes y sí más a sus abonados.
  • Las tramas (y subtramas si las hubiera) van directas al grano y apenas hay tiempos muertos.
  • Los guionistas aprovechan las pausas publicitarias marcadas por un fundido a negro (y no cuando quieren las cadenas de televisión españolas) para dejar al espectador en vilo y así poder asegurase su presencia cuando terminen los anuncios.

Hay quien achaca a las cadenas públicas americanas (ABC, NBC) un exceso de capítulos por temporada, al emitir prácticamente todas las semanas entre los meses de septiembre y mayo, y desgastar antes de tiempo la vida útil de las series. Para evitarlo, las productoras se ven obligadas a buscar constantemente nuevos recursos estilísticos y argumentales e indirectamente a reinventarse en cada nuevo episodio, muchas veces a costa de la verosimilitud/credibilidad de la misma serie. Si ese esfuerzo creativo se hiciera en España, estoy seguro que no se perdería copiando a los americanos con inútiles remakes trasnochados, como Las chicas de oro o Matrimonio con hijos y sí realizando propuestas más innovadores para nuestras series.

En cambio, nuestros vecinos los británicos (BBC, E4), a pesar de seguir el estándar americano en algunos de sus puntos, en otros intentan desmarcarse:

  • Las temporadas son más cortas y no llegan a superar los diez capítulos de media.
  • La temática, a pesar de su falta de medios presupuestarios para llevarlas a cabo (al menos al nivel de los americanos), es siempre transgresora y fuera de lo común. Prueba de ello la tenemos en Doctor Who, Los Informáticos, Inadaptados o Muerte en directo o aquéllos que han logrado convertirse en remakes americanos como Life on Mars, The Office, Casi Humanos, con más o menos fortuna.
  • Las series las emiten hasta finalizar la temporada tengan o no éxito y si encima la audiencia responde se hace otra tanda de capítulos, siempre y cuando eso no suponga bajar el listón artístico/argumental de la serie. Ese fue precisamente uno de los motivos que esgrimieron los creadores de la serie Life on Mars para cancelarla, el temor a no darle un final digno en su momento justo.

En España, como no podía ser de otra forma, vamos más a nuestro aire, copiando de unos y de otros (americanos o ingleses principalmente), pero sin llegar a tener un modelo claro en lo que a series de televisión se refiere:

  • El número de capítulos por temporada nunca es fijo.
  • No hay un calendario fiable de estrenos y cualquier mes es bueno para empezar a emitir una serie aunque eso suponga llegar al mes de agosto sin haber finalizado aún la temporada. En estos casos la cadena opta por quitarla de la programación hasta nueva orden y esperan el momento que ellos creen más oportuno para volver a ponerla en antena. Eso supone en muchos casos tirar por la borda el trabajo de los guionistas para lograr una cierta continuidad argumental en los episodios o que los espectadores pierdan el hilo de los acontecimientos debido al parón veraniego. Sin ir más lejos ese fue lo que ocurrió en la serie El Internado, al emitir su séptima temporada.
  • Los capítulos, al ser de mayor duración, alargan las tramas excesivamente (cada vez mas rocambolescas e inverosímiles), fuerzan conflictos innecesariamente y crean subtramas que no llevan a ninguna parte.
  • Si la audiencia no es la esperada, es inmediatamente cambiada de hora/día aunque de ésta sólo hayan emitido un episodio, sin dar tiempo a que la audiencia se cree el hábito de verla cada semana. Si la fortaleza/continuidad de una serie la mide (por desgracia) el número de espectadores,

¿Porqué son utilizados muchas veces como arma arrojadiza contra otra cadena al programar/mover una serie a la misma hora/día que la competencia, sólo con el afán de boicotearla?

¿Qué ocurriría si esas dos series tuvieran el mismo (único en España, ver Espectadores, reuníos) target de población?

Lo más probable es que ninguna saldría ganando y las dos acabarían perdiendo espectadores.

  • En las sitcom ocurre igual, más minutos por capítulo supone repetir las mismas situaciones cómicas que dejan al espectador con una sensación de dejà vu constante. Incluso los chistes fáciles llegan a sonar todos igual, porque realmente no dejan de ser las mismas bromas, sólo que actualizadas con el personaje de moda o la frase del momento aplicando casi siempre combinaciones con el verbo “ser” (eres igual que, eres más pequeño que o eres más grande que) como hacen en las series 7 Vidas o Aída. Otra cuestión sería lo mal que envejezcan estas series cuando esos gags “caduquen” al cabo de un tiempo. Sino que aprendan de la serie Modern Family sobre gags atemporales e universales, dos condiciones más que indispensables de cara a la posible venta de una sitcom a otros países.

¿Nadie se da cuenta que si el guión es lo suficientemente hábil para hacernos reír por sí solo no necesitamos de ningún tipo de risa enlatada para provocarla?

Conclusiones 

 

Si redujéramos la duración de los capítulos podríamos contar lo mismo en la mitad de tiempo, las tramas ganarían en dinamismo, el coste total por capítulo sería menor y los espectadores aguantarían hasta el final a pesar de los cortes publicitarios que pudieran darse.

Como es lógico eso creará huecos en la programación que bien podremos cubrir con series de producción propia y a ser posible apostando por nuevos valores, que quieran aportar su granito de arena al panorama televisivo español. Hay que tener claro que las buenas ideas no necesitan de inversiones millonarias, sólo productores que crean en ellas y permitan desarrollarlas. Es de la única forma que una serie de producción propia saldrá más rentable que dedicando ese dinero a comprar los derechos de una serie americana.

¿Acaso la serie La dimensión desconocida necesitaba de grandes medios para explicar sus fantásticas (en todos los sentidos) historias?

 

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