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2. – No me creo lo que veo

 

No hay duda que la televisión es un medio eminentemente visual y como tal se espera que todo lo que aparezca en pantalla sea creíble…hasta que nos topamos con una serie española y todo eso deja de tener sentido.

2.01 – No es oro todo lo que reluce (I)

 

No hay nada más antinatural en una serie histórica que ver un decorado acorde a la época que se intenta representar y que se note a simple vista que acaban de montarlo y pintarlo.

Reconozco que no es fácil recrear una época del pasado (del futuro ya ni hablo, la space-opera pura y dura es un género tabú en España), pero nunca está de más ensuciar un poco las paredes, mellar algún que otro objeto que aparezca en pantalla o desgastar un poco la ropa de los actores para intentar dar al conjunto un toque más realista. Además, la mugre (suciedad, sudor) nunca viene mal porque distrae al espectador y no se fija tanto en los detalles por muy nuevos que estos parezcan.

Por eso, viendo esta escena de Hispania, la leyenda…

uno se pregunta qué hacen esos personajes para tener la ropa tan limpia si están escondidos en el bosque o como mantienen esa piel tan blanca que ni los rayos de sol pueden quemar. 

En cambio, en las contemporáneas, salvo honrosas excepciones como Pelotas

las viviendas no dejan de ser un muestrario de enseres y utensilios de una conocida marca de muebles sueca. Da igual la edad, el dinero o el estatus social que tenga la persona que viva en ella, porque para los decoradores todo el mundo tiene los mismos gustos y prefiere que los pisos sean tan grandes como palacios, al igual que en la serie Los Protegidos.

¿Tan difícil es alquilar un piso y llenarlo de muebles de segunda mano para nuestro decorado?

Nos daría la solera y el desgaste necesarios para que el continente y el contenido fueran lo más realista posible. No obstante, si lo que queremos es convertir la serie en un escaparate continuo de marcas comerciales haciendo uso del product placement, que al menos haya una excusa lógica para mostrar el producto en cuestión. En Modern Family (1 Temp. 19 Cap. – El cumpleaños) bien lo hicieron así, porque para acabar mostrando las marcas publicitarias de cara a cámara siempre estamos a tiempo como en Médico de Familia.

Donde tampoco andan cortos de espacio los decoradores es al recrear otros ambientes tal como puede verse en El Barco

si tenemos en cuenta que todo transcurre en el interior de un buque escuela (el por qué de las duchas mixtas ver Espectadores, reuníos).

Supongo que la austeridad de medios no entra en los planes de los decoradores españoles a la hora de querer ajustarse a la realidad.

2.02 – Ni tanto ni tan poco (II)

 

Es curioso como algunas series españolas pasan del rosa al amarillo cuando se trata de mostrar en pantalla ciertas localizaciones, al optar por desplazarse in situ a otros países antes que intentar recrearlo en un entorno más cercano al lugar de rodaje (ver Mejor díselo cantando).

Dejando aparte el tema de la logística (tanto humana como material) necesaria para este tipo de traslados, no creo que el coste total de la operación llegue nunca a compensar al artístico, sabiendo además que otros aspectos técnicos pueden salir perjudicados al no haber suficiente dinero para todo y mermar con ello la calidad del producto final.

Teniendo como tenemos en nuestro país una diversidad paisajística tan extensa y que abarca todo tipo de ambientes, no hace falta viajar tan lejos como han hecho series como Hospital Central (Guatemala, India, Perú), Los Serrano (Túnez) y Los Hombres de Paco (París) cuando a la vuelta de la esquina están las Islas Canarias con su clima tropical, el desierto de Almería o la alta montaña en los Pirineos, para rodar a placer y dando la oportunidad a los guionistas para que puedan extender las tramas en esa localización unos cuantos capítulos más.

Incluso los americanos, a pesar de sus grandes presupuestos (en comparación con las españolas), tienden a minimizarlos cuando se trata de mostrar exteriores y recurren muchas veces al ingenio (ver Efectos no tan especiales) o a la recreación en otras ciudades jugando a su favor que muchas de ellas sean arquitectónicamente muy parecidas. Nadie diría que una serie como C.S.I.: Las Vegas o Sin Rastro comparten localización de rodaje en California, cuando la primera transcurre “teóricamente” en Las Vegas y la segunda en Nueva York.

No cometamos el error de pensar que, anunciando a bombo y platillo que una serie ha sido parcial o totalmente rodada en el extranjero o en un entorno natural exótico redundará en su éxito, cuando para muchos espectadores no pasará de ser una simple anécdota. Todo es cuestión de saber invertir el dinero en aquello que realmente valga la pena y hacer un uso inteligente de los recursos que uno tenga más a mano (y sobre todo más baratos).

 

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