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2.08 – ¡Muévete un poco, hombre! (II)

 

Sorprende que en el montaje, pase tres cuartos de lo mismo que con el encuadre. Conceptos tan de moda hoy como la pantalla partida de la serie 24, el plano secuencia del episodio Triángulo (6 Temp. 3 Cap.) de Expediente X, la emisión en directo de Emboscada (4 Temp. 1 Cap.) para Urgencias o las tan recurrentes imágenes generadas por ordenador de C.S.I.: Las Vegas, son en general poco utilizadas en nuestras series.

Aunque no haga falta llegar a estos niveles de sofisticación para poder mostrar al espectador otra forma de enfocar la realidad, nada nos impide hacerlo más modestamente cambiando por ejemplo el punto de vista de la cámara a la hora de filmar las escenas.

¿Cómo?

Dejando de centrar nuestra atención en los personajes y más en los elementos que les rodean.

¿Qué vamos en coche?

Enfocamos a la rueda delantera del vehículo y vemos su progresión por las calles.

¿Que tenemos un objeto encima de la mesa?

Mantenemos un plano fijo sobre ese objeto mientras vemos como se acerca un personaje e interactúa con él.

Estos son sólo algunos ejemplos, pero hay mucho más y no será hasta que experimentemos con ellos cuando sabremos cuales son más efectivos o quedan mejor en pantalla. Además, nadie nos prohíbe que obtengamos también ideas de otros profesionales del sector, si a cambio eso nos hace ser más ambiciosos cinematográficamente hablando.

2.09 – Monta que te monta (y III)

 

Donde sí conviene dar lo mejor de nosotros mismos es a la hora de montar un episodio, porque de nada sirve tenerlo todo impecablemente rodado si después, al hacer encajar todas las piezas, acabamos aburriendo a la audiencia con montaje caótico o falto de ritmo.

Para evitarlo, siempre podemos manipular el concepto “tiempo” (como orden cronológico de los acontecimientos), para contar de otra forma lo que otros harían de forma más tradicional. Sin ir más lejos, la serie Perdidos, dejando de lado su fantasioso argumento, no deja de sorprender a propios y extraños al recurrir, continuamente, en su fase de montaje al flashback (revivir hechos pasados), al flashforward (revivir hechos futuros) o al flash sideways (revivir dos líneas temporales).

Todo es cuestión de dar con el estilo de montaje más idóneo para nuestra serie y explotarlo, porque si no, existe el peligro que todos nuestros productos se vean y se escuchen igual.

¿Quién hubiera apostado por el éxito de series como Chuck o de Espartaco: sangre y arena, de haber dejado de lado su montaje dinámico y lírico respectivamente, por algo más frío e impersonal?

Algo que sí deberíamos evitar en la medida de lo posible, cuando montemos un episodio de una serie semanal, sería segmentar las escenas en pequeñas entregas y repartirlas después a lo largo del episodio.

A pesar de ser una práctica habitual en series de emisión diaria, para hacer así más llevadero el ritmo del episodio y contrarrestar la sensación de estancamiento en las tramas, eso no justifica que tengamos que heredar sus “vicios”. En teoría cada escena de nuestra serie semanal tiene una razón de ser, transmite información importante como unidad y como tal no conviene ir alternándola con otras escenas sin relación directa.

Emplear este tipo de montajes con tantos saltos de ubicación/personajes sólo provocará que el mensaje que queramos transmitir en cada escena acabe diluido y sin fuerzas.

Montar es un arte y no todo el mundo está capacitado para esa tarea, y mucho menos emprenderla sin haber hablado antes con el director del capítulo, para conocer sus intenciones sobre el material rodado. En el caso que dicho material fuera más bien pobre, por no decir mediocre, el montador deberá sacar igualmente adelante el episodio y aprovechar cada minuto del metraje como si se tratara de oro en paño. De ahí que muchas veces se premie ese tipo de labores, si el resultado supera las expectativas.

2.10 – Vete con la música a otra parte (I)

 

Todo hay que decirlo, soy un gran fan de las bandas sonoras y siempre que puedo escucho alguna de ellas, por el simple hecho de rememorar las sensaciones que me produjo al oírlas por primera vez.

A los ya famosos John Williams, Hans Zimmer o Howard Shore se les van uniendo poco a poco compositores procedentes de la pequeña pantalla, como Mark Snow de Expediente X, Michael Giacchino por Perdidos o Joseph LoDuca gracias a Xena, la princesa guerrera. Gracias a ellos han logrado con su perseverancia y buen hacer, que sus composiciones sean reconocidas e incluso equiparadas al de sus compañeros del séptimo arte, teniendo en cuenta el esfuerzo que supone componer una nueva banda sonora para cada episodio. Todo lo que tienen que hacer (que es no es poco) es tratar de insuflar dinamismo a las imágenes, a veces con un pegadizo leitmotiv y en otras como hace el compositor Sean Callery, en la serie 24, aumentando el ritmo musical para poner en tensión al espectador y prepararlo ante algún acontecimiento importante.

Bien es cierto, que aquí en España hay ciertos compositores de televisión que intentan destacar por encima del resto como Daniel Sánchez de la Hera por Águila Roja, Federico Jusid por Hispania, la leyenda o Victor Reyes por Ángel o Demonio, pero en general siguen siendo unos desconocidos para el gran público, en parte por la escasa promoción que se hace de ellos y de su trabajo como de las pocas posibilidades que hay para acceder a sus temas más conocidos. No estaría de más que, gracias a las nuevas tecnologías, fueran las mismas productoras/cadenas de televisión las que ofreciesen las bandas sonoras de sus series como ya han hecho con la serie Águila Roja, dedicando una página web a su compositor.

El otro gran handicap al que se enfrentan nuestros compositores es su mayor carga de trabajo, en comparación con la de sus compañeros americanos, porque al durar más los capítulos (prácticamente igual al de una película de cine, ver Más largo no significa mejor) provoca que la calidad de sus trabajos se resienta, tengan que reciclar muchas veces temas musicales de otros capítulos y releguen, por cuestiones prácticas, los temas inéditos a la mínima expresión.

De vez en cuando, las series recurren a las llamadas secuencia-videoclip, que no dejan de ser escenas con música de fondo sin diálogo, y utilizadas generalmente con fines dramáticos, al poner a los personajes evaluando en silencio los acontecimientos ocurridos en el episodio. Este recurso, bien administrado, puede convertirse en el broche final de un capítulo y la excusa perfecta para que el compositor se luzca, traduciendo a música los sentimientos que desprenden los personajes, como tan bien saben hacen en Perdidos.

En cambio, recurrir a ese recurso en varios momentos de un episodio, será percibido por el espectador como una clara falta de ideas/argumentos, y una forma un tanto tramposa de rellenar el episodio. Este tipo de artimañas tan comunes, por otra parte, en las series españolas son en cierta medida debido a una mala distribución de los acontecimientos que ocurren en el episodio y los lógicos tiempos muertos que se originan entre ellos.

No cabe duda, que una buena banda sonora ayuda a completar la experiencia que supone ver una serie de televisión, pero para ello debemos darle su justo protagonismo (ni poco, ni en exceso) y permitir que el compositor las encaje en cualquier tipo de escena, para lograr cautivarnos emocionalmente en el momento adecuado.

 

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