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2.11 – Mucho ruido y pocas nueces (II)

 

Un elemento que muchas veces pasa desapercibido, en las series en general, son los efectos de sonido.

Siempre es de agradecer el esfuerzo que hacen ciertas series como Perdidos, cuando las dotan de una identidad propia que permite al espectador que, con sólo escucharlas, sepa identificar a que serie pertenecen. Esa es, en definitiva, la clave de todo, porque de nada sirve lucirse con unos efectos sonoros aplicados de forma contundente en post-producción, si estos han sido utilizados miles de veces en otras series. Por eso, en estos casos, es siempre recomendable crearse una biblioteca de sonidos propia (en géneros como la ciencia-ficción es hasta obligado), usarlos en el momento adecuado e integrarlos, si fuera posible, a la banda sonora de cada capítulo.

¿Quién no intuía en Perdidos cuando iba a aparecer un flashback o sentía el dolor que provocaban ciertas armas en Stargate con solo escuchar su característico sonido?

Pues esas son las sensaciones que hemos de provocar en el espectador, cosa que, por otra parte, pocas veces ocurre en las series hechas aquí.

2.12 – Mejor díselo cantando (y III)

 

Yo nunca desdeñaré el poder cautivador de una buena canción, acompañando a las imágenes de una serie pero no a costa de bombardear continuamente al espectador con las canciones de un grupo musical recién salido del horno, o en gira promocional de su último disco. A pesar de que el tema económico pese mucho en estos casos, corremos el riesgo de convertir nuestra serie en una suerte de escaparate discográfico y los capítulos en videoclips largos de las canciones.

De donde si podemos sacarle provecho a las canciones, es en el hecho de ambientar ciertas escenas, para que sea más inmersiva la sensación de estar en otra parte del mundo. Que se lo pregunten sino a la protagonista de la serie Alias, cuando su “trabajo” la llevaba de viaje por todo el mundo, sin salir nunca de Los Ángeles o en su defecto del estado de California, en el caso en que hubiera que rodar en el exterior. Todo lo que había que hacer era poner unas imágenes de archivo, acompañarlo de su correspondiente canción autóctona y rematarlo todo con un buen diseño de producción de interiores.

Dejando aparte el tema de lo poco viajeras que son nuestras series, tampoco debemos subestimar el uso de una canción a modo de secuencia-videoclip (ver Vete con la música a otra parte), como hace al final de cada episodio la serie Caso Abierto,

aunando de un plumazo sentimientos tan encontrados como la redención/justicia o la alegría/pena sin dejar por ello de tocar la fibra sensible del espectador.

Conclusiones

 

Si sabemos en que fallan técnicamente nuestras series y tenemos forma de arreglarlo,

¿A que esperamos entonces para ofrecer productos televisivos, más acordes a los tiempos en que vivimos?

 

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