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3. – Con mi mirada tengo suficiente

 

Eso es lo creen muchos actores televisivos de nuestro país, y todos aquellos que piensan que, contratándolos, tienen media serie. Puedo aceptar que el productor de una serie pida caras conocidas/atractivas, para rentabilizar su inversión de cara a la publicidad, pero lo que no es lógico es que esas caras conocidas/atractivas no lleguen al mínimo exigible y aún así, se les permita actuar con todos los peligros que eso conlleva:

  • No vocalizando con claridad su texto, haciendo que parezca más bien un atropello fonético.
  • Hablando en susurros o gritando sin venir a cuento.
  • Actuando siempre igual (tics gesticulares incluidos), a pesar de cambiar de serie, por lo que uno no sabe si se trata de un actor de un sólo registro interpretativo o son exigencias de la productora.
  • Sobreactuando en su papel al confundir intensidad con naturalidad.
  • Siendo tan inexpresivo que no sea posible saber, si está alegre o triste.

De los niños mejor ni hablar, porque salvo en contados casos en que actúan como tal, en el resto son un compendio de sabiduría y locuacidad, impropio de su edad, que sólo provocan rechazo por parte de la audiencia, que busca algo de autenticidad en los personajes.

Tanto el intrusismo laboral, por parte de aquellos que creen ser actores con decir dos frases delante de una cámara, como la falta de profesionalidad de aquellos que ya lo son, provoca muchas veces en las series españolas, que el mejor de los guiones parezca un vulgar intercambio de palabras, digno de la mejor serie Z y eso para alguien que ha dado lo mejor de sí mismo para escribirlas, puede resultar ciertamente frustrante.

Conclusiones

 

Quien se pone a ver una serie de televisión espera encontrar actores que sientan el papel, y se desvivan por él, pero para eso es indispensable que cumplan ciertos requisitos básicos:

  • Que tengan una buena base formativa, preferiblemente en una academia de actores.
  • Que hablen y actúen con naturalidad delante el público, como haría cualquier actor de teatro.
  • Que declamen con corrección, porque no todo consiste en hablar con tu compañero de reparto, sino que esas mismas voces han de ser captadas y registradas correctamente por el micrófono en cada escena.

Ya está bien de envoltorios bonitos que arruinan cualquier tipo de credibilidad al abrir la boca y seamos más coherentes, buscando nuevos valores que satisfagan nuestras necesidades creativas, sino corremos el peligro de convertir nuestra serie en el vehículo de lucimiento del famoso de turno que “actúe” en ella.

Hagamos sino como los americanos, y demos un voto de confianza a actores semidesconocidos para que encarnen el papel protagonista de una serie. Si el guión acompaña, el personaje tiene carisma y el actor lo hace suyo, no hay duda que la audiencia caerá rendida a sus pies, como ya ha ocurrido con Hugh Laurie en House, John Noble en Fringe: al límite o Simon Baker en El Mentalista.

 

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